
A ti, viento, te acuso de ser el orígen de los dolores de
cabeza que me han rondado este fin de semana.
¿Qué te he hecho yo? Antes éramos amigos, o eso creía yo.
Si al menos te llevaras bien lejos los restos del naufragio... pero no, tu prefieres lanzarme el polvo a los ojos, para hacerme llorar.