
Griffin estaba tan indignado con el mundo que pensó que podía llegar a estallar. Así que, por el bien de todos, decidió sentarse frente a la ventana hasta que se le pasara el enfado mundial.
Aunque a la Humanidad, aquel arrebato de ira no pareció importarle demasiado. Nada cambió de rumbo.
Así que cuando volvió a llegar la
primavera, decidió levantarse de la silla y comenzar a actuar para arreglar la situación.