Hoy es el día de...
Y según la famosa marmota tendremos seis semanas más de invierno suave.
A ver si de paso, me dejan un poco de margen para enmendar mis errores del pasado, o al menos para no repetirlos.
Y según la famosa marmota tendremos seis semanas más de invierno suave.
A ver si de paso, me dejan un poco de margen para enmendar mis errores del pasado, o al menos para no repetirlos.
Desde que comenzó el año, he notado un regreso de las canciones de Crowded House a las emisoras de radio. ¿Alguien más se ha dado cuenta? Esas canciones me recuerdan a mi primer año de estudiante en Murcia, Glu-glu siempre tenía su CD de grandes éxitos a todo volumen y con la puerta abierta, se oía en todo el pasillo. Bueno, ese CD o el de George Michael. Claro, que siempre era mejor eso que cundo el Furro inundaba la planta de bakalao.
Aún me sorprendo al recordar qué fauna tan extraña coincidimos en la planta 4º de mi Colegio Mayor en mi primer año. Como de película de John Waters. Y nos llevábamos bien (salvo por el bakalao del Furro).
Se ha acabado enero, y aún me quedan felicitaciones de Año nuevo por mandar...
¡Estoy hecho un desastre!
Me encanta ganar. No puedo evitarlo, soy un espíritu competitivo. Afortunadamente no odio perder con la misma intensidad. Las derrotas no me convierten en alguien maleducado ni gruñón (creo). Pero reconozco que siempre que juego a algo, es para ganar. Si me lo tomo en serio lo disfruto más intensamente, y si gano la alegría es mejor. Si pierdo, no me afecta más de lo normal. Lo importante es participar.
Me comporto así aunque aunque compita solo, como por ejemplo ayer, que hice mi propia quiniela de los Goya. Conforme ina avanzando la ceremonia, los premios me iban poniendo contento, ya que con casi todos ellos había dado en el clavo. Me alegro por I. Coixet.
También me encantan los juegos de mesa, y de cartas. Los juegos de rol. Y los concursos de fotografía.
Y no, no me aprendo las tarjetas del Trivial.
Acabo de partirme en dos al leer la noticia del desplome de un centro de convenciones en Katowice, Polonia; y la espantosa muerte de 66 personas atrapadas en los escombros a más de veinte grados bajo cero.
Hace un año pasé en quella ciudad uno de las mejores semanas de mi vida.
Primero Montenegro , ahora esto. Se me han quietado de golpe las ganas de viajar.
Esta iba a ser una divertida historia acerca de unos locos corriendo por la nieve, en pijama y a dos grados bajo cero. Pero esta noticia me ha pillado cansado, un poco inestable y ya resquebrajado por lo sucedido en Montenegro. Hoy no me pidáis más.
No sé la razón, pero hoy me he despertado en estado peligroso. Salto a la primera de cambio, estoy muy susceptible, en plan gruñón. Y eso me agota, así que a eso hay que sumarle el enfado de estar cansado sin haber hecho nada para merecerlo.
Bueno, en realidad puedo imaginar por qué motivo estoy tan tenso, pero no es momento ni lugar de contar mis problemas. Sólo espero que mañana se me haya pasado.
Me ha llenado de pena la noticia del tren descarrilado en Montenegro. Guardo un recuerdo imborrable de los quince días que pasé allí, de ese mismo tren que cogimos desde Bar a Podgorica, sin entender el alfabeto cirílico, simplemente contando las letras del nombre de las ciudades a las que iba. Sin duda, lo mejor las personas que allí encontramos y que nos acogieron impecablemente. Espero que nadie se haya visto afectado directamente...
No acostumbro a echar de menos. Hoy me he acordado de mi perro, uno de esos buenos amigos que pide muy poco a cambio de todo lo que dan. Me he acordado porque los Reyes nos trajeron un jamón, y cada vez que quieres jamón hay que subirlo luego encima de la nevera. Recuerdo que esa costumbre en mi casa se adoptó por precaución, porque mi perro se habría subido a cualquier otro lugar de la casa por el jamón. Aún así, mientras quedara un poco de carne pegada a la pata ahí arriba, él hacía guardia sentado, sin quitarle ojo.
Le echo de menos... son tres años ya.
Hoy,
Vaya nochecita que me ha dado mi jefe. Cuando salgo del cine veo que me ha llamado. Estamos esperando una firma que puede cambiar mi vida, así que pienso: ¡ya está, algo ha pasado! Le llamo, y me salta el contestador. Qué gracioso...
Imaginad que nochecita he pasado. Vueltas y más vueltas en mi cabeza. Y ahora le llamo, va y me deice que ¡se confundió de número! Si no fuese porque no le he visto desde antes de navidad, yo lo mataba...Solo por fuera,
y vacío por dentro...
¿Quién es?
Es lunes. Llueve. Madrugón. No ha habido clase a las ocho. Hay obras en el edificio, y el ruido es muy molesto.
Algo me dice que va a ser una gran semana. Nunca se puede juzgar a los libros por sus tapas, ni mucho menos a las semanas por sus lunes.
En la fría noche de invierno de un pequeño pueblo de montaña, dormir abrazado es aún mucho mejor que en verano.
Después de las agotadoras tres horas de King Kong he estado toda la noche soñando. No consigo recordar qué he vivido exactamente en el mundo de los sueños, pero sé que he permanecido allí toda la noche y me he levantado cansado. Asçi que posiblemente haya estado corriendo alguna aventura.
Volviendo a King Kong, me ha sorprendido la película. No sé como lo ha hecho, ya que aunque me ha parecido excesiva en varios aspectos (en el metraje y también en las escenas de la selva, donde creo que se le ha ido la mano al señor Jackson), me ha gustado mucho. Creo que es una muy digna revisión del mito. Y Naomi Watts tiene gran parte de culpa.
Siempre soñaste con volar lejos del nido. Ayer te di alas, y vi miedo en tus ojos ante la posibilidad real de escapar. Vuela libre, descubre más mundo, aterriza sólo para descansar, porque los sueños casi siempre están ahí arriba, entre las nubes, las estrellas y demás cuerpos celestes.
Juan Salvador Gaviota. Un libro que me encantó cuando lo leí, hace ya muchas noches. Miles de noches. Lo buscaré en mi biblioteca.
Ayer fue el cumpleaños de uno de mis primeros compañeros de viaje. Con él visité Tíbet, Congo, Estados Unidos, la selva centroaméricana, la Amazonia,los Andes, e incluso la Luna.