La nana del Fauno
Escuchando El séptimo vicio, me he deleitado un minutito con la canción de cuna que le dedica Maribel Verdú a la niña. Qué paz.
Escuchando El séptimo vicio, me he deleitado un minutito con la canción de cuna que le dedica Maribel Verdú a la niña. Qué paz.
Toda la mañana buscando un mapa de carreteras de Marruecos en vano, porque parece ser que están agotados en toda la ciudad. Al final, cuando he regresado a ver si me podían pedir uno desdeuna de las tiendas, he sido abducido por el tirón consumista y me he llevado a casa un disco y un libro.
Las siete y media, de Iván Ferreiro, un mini disco (aunque a precio normal, pero bueno); canciones nuevas que ya había oído en conciertos, y en general me ha gustado bastante. Además salió recién hoy, está calentito.
El rumor del oleaje (潮騒 Shiosai), de Mishima Yukio. No lo llevaba pensado, pero lo he visto en el mostrador y me ha gustado la portada. Luego, el autor me ha convencido, le sigo la pista desde que leí El marino que perdió la gracia del mar.
Esta mañana, bien temprano, me he dado cuenta de una cosa que me ha dejado perplejo. Al tirar de la cadena, me ha parecido ver que el agua giraba en sentido contrario al que suele hacerlo por aquí. Pensando que seria un efecto de que aún estaba dormido, he repetido el experimento después de despejarme bajo la ducha, y he comprobado que la anomalía persistía.
Luego, mientras sudaba la gota gorda en los 100 metros que separaban mi coche del edificio donde paso las horas del día, he atado cabos. Alguien ha debido darle la vuelta al planeta, y por eso estamos viviendo el verano austral en Alicante, y además, eso explica muchas cosas. Como que últimamente me sienta como si anduviese un poco cabeza abajo.
Después de recorrer 800 kilómetros en coche y el resto correteando por el monte, regreso a casa cansado y contento. Bueno, no del todo bien porque Granada me ha recordado uno de mis problemas y eso ha estado orbitando mi cabeza los dos días.
Mala barraca, si te llevas los problemas de viaje. Lo sé. Yo no quería. Pero es que me los he encontrado allí.
Parece que por fin mi vida se orienta rumbo al Sur... Marruecos me está llamando y, aunque esta primera incursión diste mucho de la intención que yo tenía en un principio (en cuanto a objetivos, compañía, medios y demás), lo cierto es que me apetece poner pie en esa tierra.
Y que sea lo que tiene que ser.
Dicen que mi post de ayer es freak...
Pues a mí no me lo parece tanto.
Mientras escribo esto, se está descargando en mi ordenador la nueva versión del navegador Firefox, la 2.0. Yo empecé a usar Firefox no hace mucho tiempo y la verdad es que la diferencia respecto al Explorer de Microsoft que había antes era notable. No me costó demasiado hacerme con las novedades, y ahora no podría vivir sin ellas. En estos momentos, con la nueva version del Explorer recién salida del horno también, la batalla se presenta reñida.
A mí me encanta el logo del Firefox. Y su espíritu libre.
¿Te atreves a probarlo?
La noche del viernes, mi móvil comenzó a emitir un silencio ensordecedor, como si fuera un inmenso buque perdido en una niebla densa pidiendo ayuda. Y yo, que no podía explicarme por qué nadie más que yo podía percibir aquel estruendo afónico, acabé aturdido, envuelto por aquella ausencia, y me fui corriendo a la cama para taparme la cabeza con una almohada. Con pobres resultados.
En algún momento de la mañana, cesó.
Acabo de regresar de una reunión en Benicàssim con un grupo de jóvenes europeos motivados y dispuestos a mantener Europa activa. Y como siempre que voy a un encuentro de estos, me entran ganas de hacer más y más cosas; lástima que el tiempo no sea elástico ni divisible, pero bueno, supongo que me involucraré un poco más.
Lo mejor: la energía de los portugueses; el baño nocturno en la playa; la sidra, las gaitas y las banderas de los asturianos durante la carrera de Fernando Alonso; el trabajo del cocinero; la fiesta tropical.
Lo peor: las moscas; el empacho de galletas saladas; el sueño que tengo hoy.
Mi cabeza más desordenada que mi habitación, y yo que me voy a Benicàssim a una reunión de estudiantes. A ver si el lunes sigo poniendo orden en mi coco.
PD: esta semana se estrena buen cine...
Hoy despido a mi hermano, que encamina sus pasos a las islas de Malta por una temporada indefinida. Es curioso ver como, después de mucho tiempo en que pensé que éramos cada vez más distintos, en unos meses nuestras naves han empezado a seguir el mismo rumbo.
Y habrá que buscar una fecha para hacerle la visita pertinente.
En la última semana me he dado cuenta de dos desapariciones importantes. Por un lado, un dedo demasiado rápido borró todos los mensajes almacenados en la agenda de mi teléfono móvil. Adiós a mensajes que me conmovieron hasta hacerme pensar en guardarlos para la posteridad.
Por otro lado, no encuentro en mi ordenador ni rastro de las fotografías de mi viaje a Cuba. Y eso es grave, una pequeña catástrofe para mi archivo fotográfico y que, al menos, se subsana por una copia en baja calidad de las imágenes que hice para mis compinches de viaje... Lástima que sea en muy mala calidad.
Se escapan los recuerdos si no los cuidas...
No es normal que yo me pierda un puente y me quede trabajando jueves y viernes. No digo que sea malo, porque me viene bien ir adelantando cosas para en un futuro ir más despejado, pero... Ya no recuerdo el último puente que estuve en mi casa.
(Bueno, no es del todo cierto que este puente no vaya a moverme, pues me voy a ver a mi familia pamplonauta. Pero sólo un par de dias)
Este mensaje está especialmente dedicado a los alicantinos. Es una noticia importante para mi ciudad, e incluye un llamamiento final.
Ayer viendo la cartelera me sorprendió ver que el cine Navas estaba de nuevo abierto. ¡Eso hay que celebrarlo!, me dije. Y por la noche me planté ahí, para ver "Llamando a las puertas del cielo", de Wim Wenders.
Estuve a punto de quedarme con las ganas porque cinco minutos antes de la hora estaba yo solo, y no iban a poner la película sólo por mí (¿por qué no?). Pero un par de parejitas, y un amigo que acudió a mi llamada aunque llegó un poco tarde, me abrieron las puertas.
Por eso digo, ya que hemos recuperado el Navas, aprovechémoslo. DEMOS VIDA A ESA SALA. Y que se entere todo el mundo de que han abierto, decídselo a amigos, vecinos y familiares. La película que ponen no es muy comercial ni conocida, pero es buena.
En la película "Llamando a las puertas del cielo" me encontré con Sarah Polley, la primera (que yo recuerde) vez que la veo fuera de una película de Isabel Coixet. Esta chica irradia paz y serenidad, en momentos de agitación quisiera tenerla a mi lado, ¿alguien tiene su teléfono?
Respecto a la película, una road movie buena, con una música que tengo que conseguir y paisajes de Montana que hacen que siga alentando la idea de hacerme EEUU de costa a costa en un chevrolet del 87.
Cuando algunos aún no han podido ver la deliciosa fotografía de "El Arco", ya se ha estrenado en Sitges "Time", la nueva película de este prolífico director que no riñe la calidad y la cantidad. El cartel es de lo más sugerente, y parece anunciar que será del estilo de "Hierro 3". ¡Qué ganas tengo de que la estrenen, y si puede ser en el Navas, mejor!
A ver si alguien me puede dar un calambrito en el girus angular, que me estoy acostumbrando a una vida siempre igual (aunque sea una vida movida y llena de viajes), y necesito salir un poco de ella, estirar las piernas y explorar nuevos caminos fuera de este cuerpo.
Ya he ido a ver "Cabeza de perro", y la película me ha gustado mucho. JJ Ballesta ha demostrado una vez más ser un valor seguro, sus interpretaciones son siempre sólidas y creíbles (aunque a veces las péliculas no estén a su altura), y en este caso aparece rompiendo el molde de chico gamberro, para dar vida a Samuel, un adolescente inocente que lucha por ser él mismo.
La música es uno de los puntos fuertes de la película, así como Consuelo, la chica que da réplica a Samuel y que le vuelve loco al tiempo que le da estabilidad. Una completa desconocida hasta ahora salvo episodios de series nacionales y algún corto que estoy tratando de obtener; esta chica tiene algo especial. Se llama Adriana Ugarte.
Por cierto, habría que prohibir a los bakalas la entrada en el cine en grupos de más de tres. Otra experiencia como la del sábado pasado, y no respondo de mis actos.