Blogia

Viaje a los sueños (polares)

Inmóvil

Inmóvil

En mis inmensos ratos libres, me quedo observando el movimiento (a veces frenético) a mi alrededor. Cuando se van, queda el eco de las pisadas y no se me van de la cabeza las últimas caras del día. Especialmente, si alguien me mira fijamente a los ojos con una expresión de mudo asombro.
Con esas recuerdos fugaces acaban todas mis jornadas, y con nuevos rostros y las mismas huellas saludo cada nuevo día. Todos cambian, la vida pasa mientras que yo, clavado en mi pedestal, permanezco congelado en el mármol me me vió nacer.

A propósito de Kyoto

A propósito de Kyoto

Las cosas están así en el mundo. O lo cuidas o, al menos, déjanos a los demás que podamos mantenerlo con vida.

Carrera

Carrera

Da gusto cuando te salen las cosas bien... Aunque sea una carrera por el campo con tu mapa y tu brújula, uno se queda contento cuando se gana a sí mismo. Además que no es ningún secreto que me encanta ganar. En todo. Lo reconozco.

De fotos y viajes

De fotos y viajes

Hoy he visto por fin las fotos de mi aventura en la isla. Allí no las revelé por motivos económicos (costaba el triple) y también logísticos, ya que el número de carretes ronda la veintena, y eso en papel es un peso considerable. Además, da gusto recordar desde la distancia los momentos vividos, a la luz de esas imágenes congeladas en el tiempo como por arte de magia.
Impresiones acerca del resultado... Lo primero, que me he dado cuenta de que me falta algún carrete, debe estar por el bolsillo de alguna maleta o algo así (nota mental: debo acabar ya de deshacer el equipaje). Pero aparte de eso, estoy bastante satisfecho y creo que tengo en cada carrete al menos una buena foto.
Como la que acompaña este artículo, por ejemplo, que es la vista desde la ventana de la casa en París de unos amigos. ¿Quién no querría despertarse cada día en esa calle?

Aterrizaje

Aterrizaje

Acabo como quien dice de aterrizar en casa y la verdad, de vez en cuando aún me parece que todo da vueltas. No es que eche de menos estar en la isla. Echo de menos a la gente, por supuesto, pero sé que a muchos tarde o temprano los veré (ventajas de vivir en España...) así que no me da por hacer dramas. La experiencia es un grado.

Pero el problema es qué hacer aquí y ahora. Ya se acabó la universidad (¿bueno, no, porque comienza una nueva etapa), y los amigos que dejé aquí siguen siendo mis amigos, aunque algunos ya no estén tan cerca, pero las cosas se organizan de una forma bien diferente a mi regreso. Y me estoy readaptando. No es el síndrome post-erasmus sino una etapa de reajustes.

Pero tengo que decirlo, que estoy tan bien en casa como lo he estado en la isla. O mejor.

Escenas costumbristas

Escenas costumbristas

Esta mañana la ciudad que me da cobijo me ha ofrecido dos imagenes de la vida diaria de este país, de esas que se repiten a lo largo y ancho de esta tierra cañí.

Primero, un grupo de ancianitas haciendo cola, que pasaban el rato criticando con una inmensa mala leche (y no poca ironía) a las pobres chicas que cruzaban por la acera de enfrente, con ropas "modernas", "estrafalarias" y "futuristas". Yo me reía por dentro mientras fingía no escuchar sus comentarios, y esperando que no dijeran nada de mi piercing. Me reía sobretodo porque he coincidido con ellas en la cola para recoger entradas gratis del preestreno de la última pelicula de Keanu Reeves. No sé que tipo de cine esperarán encontrar, pero no creo que sean fans del cine apocalíptico con referencias al mundo espiritual a ritmo de atronadoras explosiones... (Yo tampoco, pero al menos soy consciente de donde me meto, y de vez en cuando me apetece ver este tipo de películas).

La otra escena, otro clásico, en este caso del ambiente universitario. Fotocopiadora de la biblioteca, tres dulces angelitos vestidas invariablemente en colores pastel "trabajan" entre máquinas al ritmo de CAMELA. Y gracias al vertiginoso espíritu de trabajo que reinaba en el ambiente, para hacer cuatro fotocopias de nada he tenido que escucharme al menos cinco temazos del grupo más castizo de la tecno-rumba. Toda una experiencia, que ya casi había olvidado...

Spain is different. Vaya que sí.

El tambor

El tambor

El alba. Miro de reojo la carta plegada al lado de la foto que preside mi mesita de noche. El sobre, sin cerrar, contiene las que podrían ser mis últimas palabras al mundo. Se prepara un duelo, y sólo puede quedar uno. En mi pequeño revólver, cinco agujeros están llenos de nada, uno por cada año de ausencia. El sexto parece también vacío, pero ése sí que va cargado.

Salgo de casa dispuesto a todo; no quiero saber que en el momento de la verdad me flaquearán las piernas. Siempre me pasa lo mismo, y aún así, he llegado hasta este punto sin retorno y no he caído en el camino. Mi buena estrella. Ahora es, como tantas otras veces, el momento de la verdad. Algo me dice que hoy tendré que apretar el gatillo. No las tengo todas conmigo. ¿Seré capaz, por el bien de todos? No reconocería ante nadie que tengo miedo.

Camino a su encuentro con el revólver guardado bien cerca de mi pecho. En su vientre, cinco vacíos. Y girando con ellos en el tambor, un beso. La última esperanza.

Burrocracia

<em>Burro</em>cracia

Me despedi de la isla haciendo papeleos, y tras una breve visita a la última cena de LDV, llego a casa y ¡qué me espera? Más papeleos. En el ministerio han debido perder mis papeles y ahora me reclaman en diez días que los vuelva a enviar. Genial. Menos mal que parece ser que todo va a salir bien, si no, pues a otra cosa mariposa.
El mundo va lleno de oportunidades, y yo las voy a aprovechar.

Agujeros

Agujeros

Hoy voy a hacer algo que me venía rondando la cabeza desde hace tiempo.

Regreso

Los últimos cinco meses no han sido más que una pequeña aventura, un paréntesis en mi gran historia de amor. Porque me he divertido bailando al ritmo de los tambores junto a cuerpos tostados por el sol, he saboreado el lado picante de la vida; y me ha gustado. Pero nada puede igualar esta sensación al regresar, la inminencia del reencuentro. Ya antes de llegar a mi ciudad he vivido un adelanto, y reconozco que prefiero los sugerentes misterios de tus calles envueltas en niebla que la claridad insultante de mis últimos cinco meses. Que prefiero tus abrazos en un portal protegiéndonos del frío que las tardes tendidos al sol en una playa bajo una palmera. Que, si me dejas elegir, me quedo con tus años ya vividos y rechazo las promesas de una tierra casi vírgen. Ha estado bien jugar a explorar la isla desierta, pero a la hora de la verdad, me quedo con tus tesoros, aunque no sean secretos.

Europa, ya estoy aquí.

Gracias Piotr!

Gracias Piotr!

Gracias por el excelente jersey de lana que conservo como excelente recuerdo de mi estancia en Kato. A 5 grados que estamos, no es plan de seguir en bañador y camiseta. Por muy chicarron del norte que me crea.

Se busca ciclón

Se busca ciclón

Busco ciclón de pequeño tamaño, para situarse en los alrededores del aeropuerto de la isla e impedir que despeguen los aviones. Trabajo fácil,no es necesario derribar edificios ni crear inundaciones...

Necesito una semana más de tiempo.

40 grados

40 grados

No es la temperatura de la isla en este tórrido verano austral que extrañamente (gracias, meteo) está siendo pobre en lluvias.
No es tampoco la graducón del ron Charrette, orgullo de esta isla de caña de azúcar (llega a los 49º y casi ni se notan cuando está bien mezcladito).
Era más bien la fiebre que me había invadido el lunes por la tarde y todo el martes. Por supuesto, no ha sido capaz de retenerme en la cama, y he ido a la playa con J y S, los dos italianos que junto conmigo, son el último ejemplo de vida mediterránea que queda por aquí, y que se van también una semana más tarde que yo... La isla no será lo mismo si sólo quedan ingleses, alemanes, canadienses y algun que otro individuo aislado de pequeños países.

Lo dicho, que me he defendido de la fiebre con cabezonería y esfuerzo, creo que nadie se ha dado cuenta. Sólo cuando estábamos viendo "Alejandro Magno" he flaqueado, y el agotamiento de la dura lucha por el control de mi organismo me ha hecho dar cabezadas durante los momentos más lentos de la peli. Sin embargo, durante la grán sangría que he organizado como parte de mis actos de despedida, ni yo mismo me acordaba ya de la enfermedad.

Aunque hoy me sigue doliendo la garganta...

Ya dormiré en el avión.

Ya dormiré en el avión.

Las horas de sueño que van quedando en el limbo empiezan a pesar. Pero no quiero dormir más de lo imprescindible antes de abandonar esta nave que cruza el océano Índico.

Volar

Volar

A menudo sueño que soy capaz de volar. Que soy ligero y puedo suspenderme en el agua, que las corrientes me desplazan en un vals silencioso. Yo aleteo para acercarme a saludar a un pájaro en su nido enclavado en la pared de un cañón submarino, o me dejo caer en un picado dulce y pausado para recoger una caracola del fondo y descubrir que está okupada por un cangrejo ermitaño. Peces de mil colores danzan al son de mi respiración y mis burbujas buscan el sol en una carrera en la que todas ganan. La arquitectura de los corales evoca las formas gaudianas y yo puedo sobrevolar el paisaje sin perturbar el espectáculo. Sobre mi cabeza, una familia de rayas perfila su silueta contra el sol azul.

A menudo confundo realidad y sueño.

El principio del fin

El principio del fin

En esta película ya han comenzado los títulos de crédito. Esto se termina.

En principio, el fin es algo inseparable de los comienos, de las cosas nuevas, de la evolución a nivel personal. Vas cerrando etapas, vas madurando (eso espero), vas hacia adelante. En el caso de las estancias en el extranjero el ejemplo es aún más evidente, tienen una fecha de inicio y una de final, claramente indicadas en el billete de avión. Yo suponía que dada mi experiencia en este tipo de despedidas, iba a ser fácil. Pero el tener que ir diciendo adiós uno a uno a los nuevos amigos es siempre duro, es demasiado prolongado en el tiempo. Pronto llegará el día impreso en mi billete de avión, y esta vez seré yo el que parta y otros los que me despidan en el aeropuerto. Pero no estoy triste, pues sé que mi regreso a casa será la oportunidad de nuevos descubrimientos.

Lost and not found

Lost and <em>not</em> found

En lo que va de año llevo ya perdidos unas cuantas cosas, algunas de las cuales pertenecen al grupo de objetos que me acompañaban alli donde voy:

1.- Unos pantalones cortos de la UA. No es grave, tengo más.
2.- El pañuelo rojo que compré en el mercado de segunda mano de Helsinki. Irreemplazabla.
3.- Mi gorro amarillo inseparable. Se lo llevó el viento de una tormenta tropical. Ya me haré otro, y será el tercero...
4.- La(s) vara(s) que utilizaba para ayudarme en los descensos de las montañas; como cuando hice el camino de Santiago. No es grave, aunque haya perdido dos.
5.- Hoy me habia comprado una camiseta y la he perdido antes de llegar a casa. ¡Soy un desastre!

En fin, que pese a todo en mi vida algunas cosas nunca cambian.

Alerta ciclónica

Alerta ciclónica

Había pensado en empezar a contar detalles del viaje pero por ahora dejaré claro que estoy bien. Y digo esto porque como ebntramos en alerta ciclónica, no quiero que nadie se preocpe que sigo en buen estado si llegan por ahi las noticias de las condiciones meteorológicas por estos lares. Eso sí, lo que no está tan claro es que los aviones despeguen en caso de ciclón, así que mi regreso está, más que nunca, en el aire.

Por cierto, como todo en esta parte del mundo, el ciclón gira inverso...

hogar dulce hogar

hogar dulce hogar

Bueno, ya estoy por fin en casita. Aunque no por mucho tiempo, apenas me quedaré en la isla el tiempo necesario para arreglar los papeleos de la beca, para acabar mi curso de buceo y para pegarme dos o tres fiestas de despedida antes de coger de nuevo el aeroplano.

Pero después de recorrer una enorme isla y de dormir cada día en un lugar, casi siempre en cuchitriles de mala muerte para ahorrar unas perrillas, da gusto regresar a un territorio conocido. Aunque me toque dormir en el suelo de la habitación de un amigo porque no tengo una habitación propia (no quise pagar el mes de enero si no iba a estar...).

Ya sé que estareis esperando noticias y aventuras del viaje pero sinceramente, estoy agotado y tengo miles de emails por leer. Pronto daré un resumen de mi viaje. Lo prometo.

Vivo...

Y coleando!!

Sigo dando tumbos por la gran Isla;
con mas kilometros que pelos en la barba...