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Viaje a los sueños (polares)

Un mono de tres cabezas...

Un mono de tres cabezas...

Has caído en un viejo truco...?
Es que nunca falla.

Mi campus

Mi campus

Hoy es fiesta en esta isla.

Como me he tenido que quedar aquí encadenado por culpa de las prácticas de mañana, me he dedicado a disfrutar del campus, con muchos cachos de césped para desperdigarse mentalmente y con arboles que dan ricos mangos, mientras que otros como el de la foto, parecen haber comenzado a arder.
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Un momento¿Qué es eso que se mueve detrás de ti?
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No puede ser...
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Es...
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Cuando ruge la marabunta

Cuando ruge la marabunta

Hay que ver de lo que son capaces las laboriosas hormigas. Sin ir mas lejos, hoy han arrasado por completo mi fin de semana. Mañana es festivo en la isla, y el viernes pensaba dar una clase de cultura patria e ingeniería a mis compañeros de la uni enseñándoles lo que es "Hacer un puente" en toda regla. Tenía planeada 4 días en la montaña, con mis amigos y muchos kilómetros que recorrer juntos. Pero han aparecido las hormigas, en forma de curso práctico obligatorio este viernes acerca de la biología de estos seres tan interesantes; y en su voracidad han acabado con mis planes en un segundo, y me han dejado en la cuneta. Mientras, el resto de mis amigos, los de la facultad de letras principalmente, nunca tendrán estos problemas. Ellos sí que se van los cuatro días. Yo me contentaré con unirme a ellos el viernes por la tarde si escapo con vida de mi encuentro con la marabunta, y si encuentro a alguien que me acompañe en mi marcha nocturna hasta el campamento común.

Bajo del mar 2.0

Bajo del mar 2.0

Ya han pasado los dos días de trabajo en la playa, y han dejado una bonita marca de salitre y arena en mi memoria, al lado de un montón de nombres en latín que no pueden reflejar los vivos colores de los peces y corales que habitan la frontera difusa entre esta isla y el océano. Como por ejemplo, el pez Picasso (Rhinecanthus aculeatus), que aparece en la foto. Además, las prácticas han servido no sólo para ponerme moreno (más aún), sino también para estrechar lazos con los otros estudiantes de intercambio de mi clase, que vienen de Québec.
Es curioso, cada persona que conozco procedente de esa región del mundo deja siempre una sensación agradable. Tenemos en primer lugar a Tom, que caminó a nuestro lado en las primeras etapas rumbo a Santiago, cargando con alegría su enorme Djembé. Están Stan y Bruno, que nos recogieron en la costa del pacífico y con los que, a bordo de Leon, la furgoneta años 70 amarilla, ascendimos hasta la capital de Chiapas. Y ahora un puñado de estudiantes que se han venido a esta isla como yo y con los que comparto sean cursos, sean fogones en la cocina. Todos ellos me hacen situar Canadá, y la región de Québec al frente, en mi mapamundi de intenciones.

La vida del estudiante es dura

La vida del estudiante es dura

Para que vea el mundo entero que no estoy aquí de vacaciones, dejo constancia de que lunes y martes tengo un duro trabajo por delante. Prácticas de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Pero como ésta es una isla diferente, las prácticas son en la playa, en el arrecife de coral, y consisten en nadar y contar corales, o buscar peces con las aletas el tubo y las gafas. A lo mejor tenemos una asignatura de buscar conchas. Siempre se me dio bien.

Creo que me tiraré a remojo dos días enteros. Lo que aún no sé es si dormiremos todos los de clase en la playa o no. Eso estaría bìen, pero estaremos taaaaan cansados que mejor creo que regresaré a la cama de mi residencia. A cena con los italianos que siempre nos las arreglamos para reirnos más que cenar.

La isla del viento

La isla del viento

Si hay una cosa que me llama la atención de esta isla (más allá de los grandes rasgos tipo volcán, barrera de coral, ...) es la presencia discreta pero constante del viento.

Viento que hace bailar las palmeras,
Viento que agita las nubes para que dejen caer algunas gotas (como ahora),
Viento que transporta aromas de una isla a otra,
Viento que hace susurrar al bambú en las noches de luna nueva.
Viento apacible que, pronto, puede conventirse en temible ciclón.

Y yo, en cambio, sigo sin arrancar un buen sonido de mi pobre Didgeridoo.

Juego peligroso

Juego peligroso

En algún lugar del mundo, se está disputando una partida de dados en la que están en juego muchas cosas... Que gane el menos malo de los dos, y que la suerte nos acompañe en este viaje...

-.-

La vida es un milagro y a esta isla alejada de todo ha llegado la última película de Emir Kusturica, para deleite de mis sentidos. Os la recomiendo, aunque tengais que ir a verla, como yo, en Serbio con subtítulos. Ese idioma me ha retrocedido meses atrás a mi estancia en Montenegro. Y a mis amigos de allí.

Un brindis

La cena había llegado a ese punto en que los mejores pasteles han sido devorados y ya solo quedan aquellos que nadie quiere, extremadamente brillantes y con un exceso de frutas caramelizadas. Muchos de los invitados hablaban en voz alta sin escucharse unos a otros, y a nadie parecía importarle ese pequeño detalle. Llegado el momento, Sonia se puso en pie sobre la silla y haciendo sonar la copa con el tenedor atrajo la atención de la algarabía. A voz en grito solicitó que Nando hiciera el brindis. Que para algo era su cumpleaños. Nando se dio cuenta de que de nada servíria negarse, antes de poder reaccionar todo el mundo solicitaba sus palabras como si de ellas dependiera su vida.

Tomando la copa medio llena, la alzó y pronunció, en tono firme, su brindis.

Por las batallas perdidas.

Y mientras un silencio incómodo ahogaba el último murmullo en la sala, Nando ya había vaciado su copa y se sentaba en su silla con una media sonrisa dibujada en su cara.

Empanado

Empanado

Vaya dos despistes he encadenado en el mismo tema... Primero, ayer por la tarde me enteré de que hoy a las 14h tenía un examen. Ya lo habían dicho en clase, pero yo no apunté el día, me pareció muy lejano pero lo cierto es que el tiempo vuela. Así que no pude estudiar, porquer después de la clase me fui corriendo a la ciudad a buscar un avión, luego al teatro y al llegar a la uni teníamos la fiesta de despedida de Bastien y Isabelle que ya están camino de la vida real. Así que casi a las dos de la mañana me puse a terminar un resumen de un articulo científico que mis queridas compañeras de grupo me habían enviado el mismo día a las 5 de la tarde. Para entregarlo hoy. Así que cuando acabé a las 4 ni me planteé estudiar, hoy tenía que ir temprano (a las 8) a recoger las botas de montaña que el fin de semana está ya aquí y a las 10 tenía clase. Yo en el bus, en vez de estudiar me he dedicado a observar a los compañeros de viaje. Lo de sacar los apuntes no se me ha ocurrido...
Después dos horas de clase y a mediodía mis prioridades eran, por este orden: comer, dormir, estudiar (para los que me conozcan el saber que he dormido siesta, 20 minutillos, les dará una idea de lo cansado que estaba). Así que me he dado una ducha y he llegado al examen cuando ya estaban repartiendo. La culpa no ha sido mía, es que cada clase es en un aula y siempre tengo que ir a mirar cuál me toca. Me he puesto a hacer el examen y me ha parecido extremadamente dificil, con preguntas que van al detalle más minúsculo. Asombrado porque en clase el nivel no es muy exigente, manos a la obra he terminado en 40 minutos todo lo que podía hacer. Me sobraban 1h20. Con suerte llegaba al aprobado. En eso que me doy la vuelta para empezar a recoger y veo que todo el mundo está con los apuntes encima de la mesa. ¡Me ha dado por reírme de mi propio despiste! Era tan dificil porque había que responder con ayuda de los apuntes. Si es que como dicen por ahí, son una empanadilla de atún. He completado y he corregido mis errores y ya soy libre.

Impro

Impro

De mi estancia en Helsinki me traje entre muchas otras cosas, el gusanillo de la improvisación; un tipo de teatro sin guión, basado en la agilidad mental y en la destreza en el lenguaje (verbal y corporal) para dar forma a las ideas más descabelladas. Un espectáculo sin igual del que fui testigo al más alto nivel, en los campeonatos del mundo en noviembre del 2000. Nunca me había reído tanto en un teatro, ni con Les Luthiers
Aquí en mi isla el taller de teatro improvisado ocupa las tardes de los jueves. Hoy no hemos tenido curso porque hemos ido a la semifinal del torneo nacional que se organiza aquí. Los de mi uni han llegado a la final, así que les deseo una gran montaña de mierda para mañana. Yo no podré estar pero se enfrentan a los vigentes bicampeones de Francia, ni más ni menos. Pero yo confío en ellos, si hacen reír al público como nos hacen reír a nosotros en el taller, está hecho.

Postales

Postales

El lunes abrí el buzón y encontré un montón de abrazos de mis amigos de Alicante, que se habían reunido un buen montón en Cazorla en el puente de octubre. Me enviaron una bonita postal y ese sencillo hecho me alegró el día, si es que el maravilloso viaje submrino no lo había hecho ya.

Desde aquí quiero decirles a todos, lean esto o no, que a veces les echo de menos. Y eso, viniendo de mí, es algo muy grande, porque siempre trato de no pensar en lo que queda atrás. Pero es que recordar los buenos momentos es tan agradable, que echarles de menos no resulta triste sino todo lo contrario. Me gusta imaginar cómo se estarán desenvolviendo, con os cambios que cada uno va incluyendo en su vida (casi que el que menos ha cambiado he sido yo, y eso que me he venido a 9000km)..

Bajo del mar

Bajo del mar

Hoy he hecho mi primer viaje a los fondos del mar de esta mi isla. Y como decirlo, ha sido sorprendente, me habría quedado allí hatsa agotar la última gota de aire de mi botella, de no haber sido porque las clases me reclamaron. He visto corales de todos los colores y todas las formas, morenas que me miraban desconfiadas, langostas que se refugiaban asustadas y peces... no tengo palabras para describir todos y cada uno de los peces, y los nombres no me los sé todos. Pero bueno, para haceros una idea, he visto peces payaso (como Nemo), peces cirujano, peces tropeta y peces flauta, peces más grandes que yo, y peces mucho más pequeños. Peces escorpión y peces roca. Y muchos que no conocía.

El cazador

El cazador

La selva había fabricado una densa niebla durante la noche para proteger a sus habitantes. Pero el cazador se despertó antes del alba y no se inmutó ante el cambio de escenario. Es más, se alegró de que las dificultades enriquecieran su trabajo, monótono después de meses en la jungla. Preparó sus armas y recogió el pequeño campamento en silencio, siempre en silencio.
Se movía como una sombra, y buscaba con todos los sentidos una presa. Se encontraba tan habituado a ese medio que no había salido el sol cuando ya había caído en sus manos cuatro o cinco presas. Pero aún le quedaban unos cuantos disparos, y no quería desperdiciarlos. Se apostó al borde de un claro y escuchó. Durante minutos, sólo la respiración de la selva, que se desperazaba con el sol. La neblina se hizo menos densa, la humedad más patente. Y la espera, como siempre, dio sus frutos. Allí apareció primero ella, una gorila imponente. No venía sola, le seguían dos crías que jugueteaban cerca de ella. Tras el telón de niebla se escuchaban más individuos, seguramente era el clan del que le habían habldo en el último poblado. Calculaba que le quedaban cuatro disparos, suficientes si esperaba al momento preciso. Pero no podía arriesgarse a ser descubierto, así que tendría que confiar en la suerte. Los dos pequeños se subieron al lomo de la madre. El cazador acercó el ojo al visor. Estaban en el centro del encuadre. Ahora o nunca.

¡Click!¡Click!¡Click!¡Click!...¡Click!

Con el mismo sigilo con el que había llegado al claro, se alejó el cazador con una gran sonrisa. Una vez que se encontró a una distancia prudente, accionó el rebobinado de su cámara y guardó el carrete en la mochila. Y encaminó sus pasos hacia el poblado.

Ligero

Ligero

Me siento leve y etéreo, pues hoy me han contado que llevo el viento dentro de mí, que sólo hay que dejarlo fluir y él sólo creará la música que guardo en mi imaginación.

Demasiado cansado...

Demasiado cansado...

Lo bueno de ser Kaveri es que nunca se está demasiado cansado, siempre hay cosas mejores que hacer... Esta noche tengo barbacoa en la piscina, mañana aprendo a construir un didgeridoo y luego otra barbacoa en la playa para acabar durmiendo bajo las estrellas; y domingo pequeño paseo a tres cascadas, relajado, para regresar y empezar el lunes con una salida de buceo antes de reemporender las clases. No puedo estar cansado, además, es el último fin de semana de mi amigo Bastien y no le quiero dejar solo.

Y yo que pensaba dormir...

Y yo que pensaba dormir...

Yo me las prometia muy felices pensando que esta noche por fin me podría ir a dormir antes de las dos de la mañana, porque no había ningún plan que me apeteciera y por lo tanto nada me impediría descansar un poco. Cualquiera que me conozca sabrá que si deseo dormir es porque de veras estoy muerto... Y así seguiré, no podré recuperar fuerzas para el fin de semana porque el trabajo de Ecología Marina para mañana no está acabado, cometí el error de confiar en mi grupo de prácticas y ahora me tocará quedarme hasta tarde para acabar el informe. Así que por hoy no escribo nada, me voy un rato con mis amigas las conchitas, mis queridas Littorinas.
Mañana será otro día.

El camino...

El camino...

Este fin de semana, en la montaña el camino que retendíamos tomar resultó engullido por el bosque, y en su lugar tomamos otro que nos llevó, entre escaladas y espinas, a subir más alto de lo que habíamos esperado. Es como en la vida misma, cuando atraviesas una situación difícil y te encuentras cara a cara con el Sol después de remontar las nubes.

Noches sorpresa

Noches sorpresa

Hay noches que las comienzas preparando crépes y terminan (sin saber cómo) danzando al ritmo de un acordeón de origen desconocido.
Por desgracia, no son tantas como a mí me gustaría.

Un par de vueltas

Un par de vueltas

Sonaba el despertador cuando encendí el contacto del coche, rumbo a ninguna parte. En la radio, sonaba una vieja casette, que no era mía y que ya no recordaba cómo había llegado hasta allí. Alternaba canciones de Hip Hop con clásicos de los sesenta. Abandoné la ciudad al amanecer, contento de dejar atrás la aglomeración de seres humanos concentrados en un área tan reducida. Afuera, llovía aunque a lo lejos el sol brillase sobre el mar.

Comencé a rodar en sentido contrario a las agujas del reloj, intentando rodear la isla. Se sucedían los paisajes más variados como en un viaje alrededor del planeta; incluso en ocasiones parecía más Marte que la Tierra. Al atravesar un puente colgante que franqueaba el paso de un barranco, reseco tras las últimas lluvias, divisé dos chicas haciendo autostop; llamaron poderosamente mi atención. Detuve el vehículo y les pregunté adónde iban, aunque en realidad no importaba porque yo no tenía destino fijo; podía darles tres vueltas a la isla si me lo pedían. Se montaron en el asiento de atrás y pronto se quedaron dormidas. Las observé a través del retrovisor. Parecían regresar de una noche de fiesta en la playa; era muy temprano para regresar de tomar el sol. Pronto me olvidé de que las llevaba, y desaparecieron como por arte de magia.

Paré en un puesto de fruta al lado de la carretera y pedí una pieza de cada tipo para saciar mi hambre. A pesar de que había olvidado desayunar, no pude acabármelas todas, pero como fiesta para mi paladar no estuvo nada mal.

Continué mi camino, y al llegar a la costa del este vi como el sol se ponía desde los acantilados. A los pies, las olas rompian con fuerza y enviaban la espuma contra mi cara, que recibía agradecida el salitre que tanto echaba de menos. Aquella tarde estaba extrañamente positivo, y ni se me pasó por la cabeza lanzarme al vacío. Había tiburones en esas fechas. Y cosas peores.

Regresé al automóvil con la mejor de las sonrisas, y puse la cinta a dar la enésima vuelta a su reducido repertorio. Conducí de noche el último tramo hasta mi casa, sin apenas cruzarme con nadie en las calles desiertas. Parecía que en la ciudad había llovido sin parar, ya que todo tenía aspecto limpio. Pero no debía ser así, porque el olor a humanidad reconcentrada no había sido arrastrado hasta formar charcos hediondos, sino que flotaba aún en el ambiente dándome la bienvenida. Ni me pregunté cuántas vueltas segudidas había dado para acabar aparcando en el mismo lugar donde estaba el coche esta mañana.

Todo feliz abrí la puerta de casa y me encontré que el gato había por fin logrado sacar al pez de la pecera. Pobrecillos, los dos, era un pez venenoso. Descansen en paz.